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Mensaje de la Dirección

La pandemia nos ha impuesto un nuevo paradigma en nuestras formas de pensar y actuar. La fragilidad del ser humano, de la sociedad, de sus economías y de las empresas ha quedado manifiesta para todos aquellos actores intervinientes que no han podido o no han sabido adaptarse a una situación altamente inestable y que nos ha obligado a adoptar medidas drásticas con el único objetivo de salvaguardar la seguridad, primero de los trabajadores y, en segundo lugar, de la Organización. Sin duda, el mayor éxito alcanzado en 2020 que debemos celebrar en ArcelorMittal España es haber sido capaces de mantener nuestro progreso a través de meses difíciles en los que la incertidumbre daba paso a un abrupto descenso en la demanda de acero como consecuencia de las medidas restrictivas adoptadas para garantizar la posición más favorable. El esfuerzo y comprensión de los trabajadores ha sido muy notable, y sin esa colaboración tan decisiva, no habríamos conseguido mantener la nave en la dirección adecuada. Un año después, el ritmo de vacunación entre la población alienta al optimismo, pero la COVID-19 todavía no ha desaparecido y sigue habiendo muchas dudas respecto a la evolución de los mercados y, por tanto, de la recuperación de la economía.

Desde comienzos de este año, hemos venido advirtiendo una recuperación de la demanda de algunos productos, aunque todavía por debajo de los niveles anteriores a la declaración de la pandemia. Nuestra industria se caracteriza por la volatilidad, de modo que nadie mejor que nosotros sabe que los periodos de crecimiento no suelen ser sostenidos. Seguimos afectados por la sobrecapacidad a nivel mundial y la ausencia de medidas enérgicas y efectivas en Europa ante las exportaciones extracomunitarias. Por nuestra parte, no vamos a variar la estrategia de crecimiento continuo basada en una producción segura y eficiente de acero de calidad, con inversiones que nos permitan aplicar mejoras en los procesos productivos, respetando en todo momento la concepción del medio ambiente que tenemos interiorizada en nuestra gestión diaria, preocupándonos por alcanzar un desarrollo armónico junto con las comunidades en las que tenemos presencia, pero por encima de todo, de manera primordial, un crecimiento en el que van a intervenir decisivamente el conjunto de empleados.

Una empresa no puede subsistir sin sus principales activos, y qué duda cabe que los trabajadores, junto a los clientes, conforman el bloque principal. Apuntalar la confianza entre los segundos es tan importante como cimentar la máxima protección entre los primeros. La seguridad sigue emergiendo como la primera e indiscutible prioridad en ArcelorMittal. En 2020, sin embargo, tuvimos que lamentar la trágica pérdida de un trabajador contratista en Olaberria. Por otra parte, y como consecuencia del aumento en el número de accidentes con baja, se produjo un repunte en el Índice de Frecuencia, que marca el número de accidentes por cada millón de horas trabajadas, después de cuatro ejercicios de tendencia a la baja. No tenemos más alternativa que proseguir reforzando el comportamiento en seguridad, y prueba de ello es la formación continua de los trabajadores, de manera genérica, pero en especial en seguridad. Cerca del 40 % de las más de 55.000 horas de formación impartidas se destinaron a materias relacionadas con la seguridad de instalaciones y empleados.

La demanda de acero en el mundo, una vez se recobre la normalidad, seguirá creciendo de manera constante, en paralelo con el incremento demográfico y del nivel de vida previsto. Todo ello nos situará ante un reto continuo si queremos ser capaces de aportar soluciones de acero para satisfacer esas necesidades presentes y futuras. Disponemos del mejor material, sin duda, gracias a sus características de dureza, flexibilidad y máxima tasa de reciclaje, condiciones todas ellas que le confieren un papel capital en la creación de las infraestructuras actuales y futuras en el escenario de la economía circular. Sin embargo, en ArcelorMittal sabemos que no podemos tomar esa ventaja como permanente, sino que, al contrario, debemos reinventarnos incesantemente para distinguirnos de los competidores y ofrecer productos novedosos, económicamente viables y, por supuesto, respetuosos con el medio ambiente. En otras palabras, trabajamos a diario para poner a disposición de la sociedad productos duraderos y sostenibles.

Para lograrlo, la inversión en la investigación y el desarrollo de nuevos productos debe ser acorde con las exigencias del mercado y la estrategia de la Compañía. En el transcurso de los últimos cinco años hemos destinado cerca de 150 millones de euros a la labor que desarrollan nuestros técnicos en los centros de I+D en Asturias y el País Vasco. Gracias a la labor de nuestros investigadores en todo el mundo, en 2020 se lanzaron 29 nuevos productos al mercado con los que logramos integrarnos un poco más en la sociedad hasta llegar a formar parte de ella.

La insuperable tasa de reciclabilidad del acero y sus posibilidades ilimitadas de reconversión han dejado de ser una novedad; y lo mismo sucede con la calificación de material ideal en un mundo futuro marcado, por una parte, con escasez de recursos primarios, y, en segundo lugar, con la responsabilidad de producir mejor y de manera más sostenible, es decir, mediante el aprovechamiento de las capacidades de reutilización que presenta el acero y que no encuentran similitud cercana en otros materiales. En esta línea de actuación, ArcelorMittal ha adquirido un papel con amplio peso específico, el que resulta de la utilización de 1,9 millones de toneladas, una cantidad que ha permitido seguir evitando emisiones de CO2 a la atmósfera. En apenas cuatro años, el empleo de chatarras para la producción de acero ha supuesto un alivio para el medio ambiente de más de 11 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. De esta forma entendemos y ejercemos el liderazgo en ArcelorMittal.

Nuestra empresa afronta el enorme reto de la descarbonización del proceso productivo del acero, y lo ha hecho con la puesta en marcha de diversas rutas con las que queremos llegar a 2050 con un balance neutro de emisiones de carbono. En España se están desarrollando algunos proyectos que son ya una realidad, como la inyección de gas de cok en el Horno Alto B y la reutilización de gases en los Trenes de Carril y Chapa Gruesa de Gijón y el Tren Semicontinuo en Avilés; no son los únicos, sino que hay más proyectos en estudio. Debemos ver este desafío como una oportunidad para transformar nuestro modelo productivo hacia un proceso con bajas emisiones de carbono. Nuestro esfuerzo se centra ahora en captar al máximo posible los fondos disponibles del plan de recuperación europeo con proyectos que contribuyan a afianzar la sostenibilidad del negocio.

Un gran desafío y una gran oportunidad por delante que no podremos alcanzar en solitario. La participación de los gobiernos nacionales, que deben respaldar a las empresas que generan riqueza al conjunto de la sociedad, es imprescindible. Y lo mismo sucede con la Unión Europea, con una responsabilidad capital a la hora de crear un entorno en el que las empresas presentes en su territorio puedan desplegar estrategias de negocio estables y duraderas. En este sentido, el nuevo sistema europeo de asignación de derechos de emisión de CO2, mucho más restrictivo que el anterior, supone un incremento de costes que va a terminar por afectar a nuestros resultados operativos. A ello debemos añadir que el “ajuste ambiental en frontera”, otra de las reivindicaciones de nuestro sector para poder hacer frente a las importaciones de acero de terceros países en los que no existen restricciones ambientales semejantes a los de los productores europeos, todavía queda lejos.

Podemos poner sobre la mesa la mejor estrategia: aquella que, desde un enfoque sostenible, sitúe a ArcelorMittal al frente de un gran proyecto para remodelar la nueva sociedad que queremos, pero si no existe un trabajo en conjunto con las instituciones responsables de adoptar medidas esenciales para garantizar la viabilidad de la industria del acero, el riesgo será demasiado elevado como para superarlo, y esta vicisitud, para el principal productor de acero de España, supondría un gran lastre para la competitividad de sus once plantas y numerosos centros de trabajo que da cabida a casi 10.000 puestos directos e indirectos. De nuevo debemos hacer hincapié en esa necesaria alianza con el gobierno del país y en las medidas que sea capaz de implementar para facilitar el camino de la recuperación a todo el tejido empresarial español.

El de 2020 fue un ejercicio marcado de extrema dureza: la COVID-19 instauró un escenario caracterizado por el descenso en la demanda de acero y, por consiguiente, en las capacidades productivas; sin embargo, ArcelorMittal en España no desatendió sus obligaciones con el desarrollo sostenible y con la responsabilidad asumida para garantizar el disfrute de las condiciones de vida a las generaciones futuras. Integrada en la gestión diaria del negocio, la estrategia de la Empresa gira en torno a sus 10 Principios de la Sostenibilidad que, a su vez, mantienen una relación indisociable con cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Para garantizar el máximo alineamiento posible, confiamos en dos grandes palancas: la investigación y las inversiones en sostenibilidad que nos permitan, por una parte, disponer de procesos industriales más eficientes con los que afrontar el ahorro del consumo energético o de los recursos hídricos, y por otra, garantizar un desarrollo armónico de la relación con que une con la comunidad y nuestros grupos de interés. En este sentido, en los últimos tres años hemos realizado una inversión global de más de 416 millones de euros, una cantidad que recoge los fondos destinados a la sostenibilidad ambiental, con el Plan de Mejora Ambiental para Asturias como máximo exponente, que, cuando llegue al fin de su despliegue en 2023, habrá supuesto un desembolso de más de 210 millones destinados a mejorar la calidad del aire en los entornos de Avilés y Gijón.

No obstante, la sostenibilidad no solo hay que comprenderla desde un prisma ambiental, sino integral, a través también de sus otras dos vertientes, social y económica. La contribución económica directa estimada de ArcelorMittal en España durante 2020 superó los 3.760 millones de euros, una cantidad que no la consideramos como gasto sino como inversión en forma de devolución a la sociedad. Desgraciadamente, el efecto de la COVID-19 se dejó notar en este apartado mucho más que en otros, pero confiamos en recuperar pronto los niveles previos a la pandemia. Esta cifra recoge indicadores como el pago de salarios y de servicios a proveedores, impuestos, dividendos entregados, así como las inversiones sociales y ambientales antes referidas. No obstante, hay otro tipo de contribuciones que, durante la pandemia, nos ha hecho sentirnos especialmente orgullosos. Junto al comportamiento ejemplar de la plantilla, en forma de comprensión de la gravedad de la situación y el esfuerzo realizado, bajo condiciones adversas, para seguir trabajando al máximo rendimiento, desde ArcelorMittal hemos trabajado para la sociedad, desarrollando materiales médicos y elementos preventivos que han podido ser empleados por el personal sanitario en la lucha contra el coronavirus. Ha sido un ejemplo de solidaridad y responsabilidad justo cuando más se necesitaba.

Aun así, entendemos que la sociedad espera mucho de una empresa como ArcelorMittal, y por ello no dudamos en mantener dentro de nuestra estrategia cualquier oportunidad que sirva para contribuir decisivamente en la prosperidad y el bienestar de nuestras comunidades, de manera que podamos seguir ejerciendo la licencia social para operar de manera justa. Desde 2018, los Consejos y Comités de Relación con la Comunidad creados en la mayor parte de las plantas han venido actuando como verdaderos nexos de unión con los grupos de interés, pero, ante todo, se han erigido en puentes que nos han acercado a la realidad de unas comunidades que, con las que hemos estado cerca en distancia, no siempre lo hemos estado en afinidad. Todo ello ha empezado a cambiar gracias al diálogo constante, abierto y bidireccional (y durante 2020, virtual ante la imposibilidad de reuniones físicas) que nos posibilita conocer cuáles son las expectativas que los ciudadanos tienen de nosotros, y a la inversa, hacerles llegar lo que esperamos de ellos; en el punto de unión, siempre que sea posible trataremos de responder a esas expectativas.

Entorno económico, sobrecapacidad, incertidumbre, volatilidad, marco energético y regulatorio adverso… Son todas ellas cuestiones sobre las que tenemos un margen de maniobra limitado, pero sí podemos y debemos trabajar con el objetivo de mejorar nuestra posición competitiva sobre aquellos ámbitos que dependen de nosotros y de nuestra actuación, como garantizar la seguridad y salud de los empleados, la calidad de los productos y el servicio a nuestros clientes. Fabricar acero no consiste únicamente en transformar las materias primas en productos acabados, sino que debemos hacerlo siguiendo el mayor respeto hacia las partes interesadas y bajo el enfoque inequívoco de la sostenibilidad. Todo esto enlaza con la certificación multistakeholder ResponsibleSteelTM, una norma mundial y un programa de certificación para todo el sector siderúrgico que promueve la confianza a lo largo de toda la cadena de suministro y garantiza tanto a las empresas como los consumidores que el acero que utilizan ha sido obtenido y producido de manera responsable en todas sus etapas. En 2018, las instalaciones en Asturias fueron expuestas a la pre-auditoría para determinar el grado de conformidad con respecto a los requerimientos de la nueva certificación. En 2020 estaba previsto que la mayor parte de las plantas de ArcelorMittal en España afrontaran con garantías esta certificación, un proceso que se recuperará durante la segunda mitad del presente año.

Como conclusión, hemos superado un año muy complejo en el que las prioridades variaron y situaron, por encima de todo, la integridad individual. Esta circunstancia, sin ser nueva para ArcelorMittal ya que tiene en la seguridad su prioridad absoluta, dejó como impronta un nuevo mapa productivo en el que solo las empresas mejor posicionadas y preparadas serían capaces de remontar la adversidad de la crisis sanitaria y económica, situarse en el grupo de cabeza que lidere la transformación y mantener su nivel competitivo acorde con las nuevas expectativas. De nosotros y de la prestancia y colaboración de los gobiernos nacionales depende el mantenimiento de la actividad siderúrgica en nuestro país, el futuro de muchas familias y generaciones a las que queremos legarle una sociedad más justa y sostenible.

José Manuel Arias

Country Head de ArcelorMittal en España

Jesús Izcue

Country Manager de ArcelorMittal en España.